| Andrea
Frigerio se reconoce como ´muy italiana´ en sus relaciones.
Rechaza las cirugías, disfruta de los piropos fuertes y valora
la sensibilidad de Tito Roldán, antes que lo físico.
"Igual por Brad Pitt moriría,", acepta.
Chicos: ¿Cómo
se ponen ustedes cuando salen esos comentarios de que yo soy la
mujer ideal de los argentinos?”, pregunta ella, Andrea Frigerio,
43 años, deliciosamente atractiva, ex modelo y desde hace
tiempo actriz que pegó el gran saltó con ‘Los
Roldán’. Lucas Bocchino, su marido, devuelve con una
mirada entre risueña y desinteresada, más preocupado
por mejorar su handicap en la impactante cancha de golf de la casa
que habitan en el escondido Barrio Apartour en Mar del Plata. Tomás
Frigerio (22 años, estudiante de Ciencias Políticas)
salta: “No tiene nada que ver cuando dicen que es sexy. Es
una madre, loco”, se enoja el primogénito, con los
celos a cuestas. “Me sorprende cada vez que leo o escucho
ese tipo de comentarios y agradezco la confianza -dice ella, con
su diminuto short y ajustada remera.- Pero mi familia se ríe
mucho de esto. (Piensa un instante) A mí me encanta estar
en contacto con la gente. Me encantan los piropos y si son subidos
de tono... me dan risa. Por suerte nunca tuve situaciones complicadas
en la calle”.TRIÁNGULOS. Mediodía nublado del
domingo 26, Andrea recibe a SEMANA. A la noche subirá al
escenario del Teatro Mar del Plata para convertirse en la Mary Smith
de ‘Taxi 1’. Curiosamente, como su Cecilia Bernardi
de ‘Los Roldán’, en la obra también comparte
el hombre de sus sueños con otra mujer. La primera está
casada con un taxista que a su vez también está unido
con otra. En la tira de mayor audiencia del 2004, su personaje consigue
sobre el final lo que quiere: Tito (Miguel Angel Rodríguez)
no se casa con la Yoli (Claribel Medina) y busca desesperadamente
a Cecilia, ausente en los primeros capítulos del año
próximo, para dar más intriga todavía. “En
ambos casos me meto en triángulos amorosos -cuenta y se sorprende-
Las comedias tienen un poco de eso siempre. ¿Por qué
será que los autores hacen pie en eso, no? (Ríe con
cierta complicidad) Alguna historia de la vida de ellos sin resolver.
Quizás tenga que ver con que el hombre acepta ciertas reglas
impuestas por la sociedad y a lo mejor quiere ser más libre”.
-¿Qué
te pasa con eso?
(Piensa) Y...
qué sé yo, soy parte del promedio general, con la
misma confusión que los demás. Tengo una familia que
me costó mucho hacerla. (Baja apenas la mirada) Por ahí
yo decidí vivir una vida más tranquila. Creo que hoy
la gente se permite mucho más. Y sí, tiene que ser
libre y feliz.
Quiso formar
una familia y está a la vista: vive con Lucas desde hace
13 años y juntos tuvieron a Josefina (7). Del primer matrimonio,
con Eduardo Frigerio, con quien pasó por la iglesia, tuvo
a Tomy (22), que hace unos meses estrenó su independencia
en un departamento de Palermo Chico. “Tendría muchos
hijos pero viví una mala experiencia en mi último
parto -cuenta- Ojo, me gustaría ser abuela (sonríe).
Sería apresurado porque Tomy es chico. Pero me encanta la
idea”. Su madre, Marta Di Paola, fue maestra rural, y su padre,
Enrique Mitchelstein, se dedicó a la ingeniería civil.
“Vengo de una típica familia argentina de clase media
-añade- Soy como el promedio de los argentinos: nieta de
inmigrantes, hija de gente de clase media profesional. Por eso no
puedo alejarme de la gente”.
Estudió
biología y con su primer novio -que se convirtió en
marido- vivían en un departamento de dos ambientes que se
lo prestaba su ex suegra. “¿En qué me aburguesé?
A lo mejor estoy más holgada económicamente pero eso
tiene que ver con que laburo hace 23 años. Mi sensación
es que lo que hago ahora debería haberlo hecho siempre. El
ser humano es inconformista por definición: es curioso y
quiere recorrer caminos nuevos. También pude haber sido una
bióloga frustrada”.
-¿Intentás
ser una especie de antidiva?
Ni diva ni antidiva.
Eso de estar en la torre de marfil, alejada del público me
parece anacrónico. No tiene que ver conmigo ni con mi realidad.
Gran parte de mi sangre es italiana por eso soy bien caliente en
las relaciones, no me gusta estar alejada ni ser un misterio.
Va del living
a la pileta, se cambia una prenda por otra. Cambia la música,
se abraza con su hijo, susurra con su marido. Antes de ‘Los
Roldán’ fue conductora de ‘Viva la diferencia’
y pasó por ‘Poné a Francella’. Sus comienzos
fueron con Juan Alberto Badía y Daniel Mendoza. Dispara comentarios
todo terreno: dice que es muy creyente, que es cholula de muchos
de sus compañeros , que se babea por Brad Pitt (“si
me da bola, me muero”, dispara) y que sólo se operó
las lolas después del nacimiento de su segunda hija.
Se ríe,
por lo bajo, de los escándalos de Nicole Neumann pero está
en su mundo, amenizado por el bálsamo que transmite la música
new age. “Hay que aceptar el paso del tiempo -explica- A mí
no me gustan las caras transformadas, llenas de cirugías.
¡Pierden la expresión! Reírte, comer rico, no
hacerte mala sangre ayuda a una buena vida. Pero hay cosas que te
mandan de arriba que las tenes que aceptar y sufrirlas”.
-¿Creés
en el destino?
Sí, uno
no decide nada. Siento que estoy en manos de un ser superior. Antes
nadaba contra la corriente. Por ejemplo, estudiaba biología
(sonríe). No le daba bola a lo que sentía por dentro.
Y está bueno hacer la plancha.
-¿Qué
se siente?
Yo le pongo
garra todo el tiempo porque hacer la plancha no es no hacer nada.
Laburo como una perra porque soy una apasionada de mi trabajo. Hacer
la plancha es no querer hacer grandes transformaciones ni giros
violentos en mi vida. Hay que dejarse llevar un poquito, soltar
la rienda
SON
AMORES.
Le encanta que
le pidan autógrafos y la besen, como si nada. ¿Pero
qué pasa con su mirada? “Miro mucho a quienes tienen
algo distinto, me interesan para mis personajes. De todos rescato
algo. Eso es lo que más miro en estos días”.
-Tu mirada provoca...
Yo soy muy seductora
porque lo heredé de mi mamá. Es mi forma de ser. Mi
forma de hablar la aprehendí en mi infancia. Cuando me escucho,
me doy cuenta. Es como una actitud. Mi corazón es anárquico
y mi cabeza no lo maneja. Cuando una persona me agrada y me gusta,
se lo hago saber.
-¿Sin
crear falsas expectativas?
Absolutamente.
Lo mío viene por el lado agradable no por el lado erótico.
-¿Porqué
Andrea podría enamorarse de un hombre como Tito Roldán?
El aspecto físico
de las personas no me interesa. En esta etapa de mi vida, valoro
a la gente de buen corazón y sentimientos. De Tito rescato
eso. Lo único que me importa es eso.
-También
dijiste que te gustaba cierto costado femenino de los hombres.
Sí, la
femineidad tiene que ver con la sensibilidad. Y ciertos hombres
no se permiten ser sensibles. Me gusta la gente que pueda tener
cierta capacidad para ver los detalles.
-¿Y Rodríguez
es un tipo sensible?
Sí, lo
es. En el personaje lo tiene pero no se nota tanto. Es buen padre
y buen tipo... Miguel es muy sensible y con una gran capacidad para
interpretar. Aprendí mucho de él. Me ha marcado mucho
en el trabajo.
-¿Qué
te pasa cuando escuchás rumores sobre tu vínculo con
Miguel Ángel Rodríguez?
(Lucas Bocchino
se sienta muy cerca de Andrea) En realidad, ni me joden ni me río
de esos comentarios. Corre por cuenta de cada uno. Que cada uno
se haga cargo de lo que dice. Yo sigo caminando. Podría elegir
quedarme quieta pero elijo caminar. Por el costado los demás
hablarán. |